El caso comercial escaló. El dueño del negocio no solo perdió bienes: también dejó de abrir sus puertas. La caja registradora quedó intacta, pero silenciosa. Las vitrinas podían repararse; los clientes perdidos, no tan fácilmente.
Alex revisó la póliza buscando el daño visible: inventario, mobiliario, mejoras del local. Entonces Luna puso una hoja de ventas sobre la mesa y señaló dos semanas marcadas en rojo.